Siempre me han dicho que lo mejor llega sin avisar y que las
sorpresas fascinan y asombran pero hasta no palparlo con mis propios dedos no
lo he creído. Lo que era impensable ahora es constante, lo particular ahora es
necesario. Y así es como ahora las palabras hablan solas. Ahora al atardecer
entre abrazos yo le llamo rutina.
Las noches entre sus sábanas son más llevaderas. Las noches
entre mis sábanas se hacen más cortas con la ayuda del leve olor a él que
conserva mi pijama.
Cremalleras desabrochadas, música y cine. Quizá deba añadir
la infinidad de besos que acarrean mis labios. Admiro a todos aquellos que se
atreven a enamorarse. Ya no sé lo que iba a decir… Olvido las cosas por
momentos.
Con el transcurso de los días todo va cambiando, tomando color
y forma. Los besos se vuelven cada día más apretados y las despedidas más
amargas. Las esperas más largas. Las noches infinitas. Los recuerdos más
fuertes.
Lo que carecía de sentido lo adquiere. Y sin yo darme
cuenta, cada día soy más y más y más débil.
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