martes, 27 de marzo de 2012


Solo encuentro una posible solución. Tener miedo ,temor, pavor, pánico y horror a ser feliz. O quizás se llame cobardía. Y bien, ¿Por qué he yo de resignarme o de abandonar la búsqueda de lo que quiero aunque la herida me desangre? Quizás la respuesta sea que prefiero seguir viva.

Pero me gustaría poder empezar de cero y resurgir de mis propias cenizas. Renacer. Por ello quiero contaros quién soy. No me llevará mucho tiempo.

Vine al mundo como todos vosotros, con unas complicaciones más o unas complicaciones menos pero nadie dijo nada a mis padres de que su hija padeciera ninguna malformación o enfermedad. Nací el 19 de mayo de 1995, que curiosamente fue viernes. Eso explica mi cariño hacía ese precioso quinto día de la semana. Después de muchas horas haciendo sufrir a mi madre salí casi ahorcada pero tuvisteis suerte y no os quedasteis sin Lucía.

El tiempo fue pasando y empecé muy pronto a hablar. Mi padre siempre dice que era una niña preciosa con ojos como platos, y que comía de miedo. Nunca tuvo que hacerme el avioncito; la comida desaparecía antes de que él la viera. Lo de preciosa solo lo dice para hacerme la pelota pero supongo que es típico de los padres.
 Algo bruja y muy cantarína Lucía fue creciendo, muy salada ella. No sé si pasarían cosas muy interesantes durante esos bonitos años de infancia. Seguramente si pero la verdad es que no los recuerdo. Mi madre siempre dice que vivía con un lápiz en la mano. Lo de pintar siempre ha sido uno de mis puntos fuertes.
El tiempo pasó rápido, como siempre, y un buen día nació mi hermano. El niño más precioso que he visto nunca. Yo tenía seis años y él unos ojos redondos e inmensos. Fue ese uno de los días en el que me di cuenta de que los sueños se pueden cumplir. También he de mencionar que siempre he tenido buenos amigos y amigas a mi lado, y una bonita familia. Todo eso hace la vida de una persona más fácil y agradable.

Después los años volaron y los recuerdos son miles. Un poco de todo para que mentir. ¿cosas que mencionar? Me adentré en el mundo musical abandonándolo tras unos años y retomándolo después pero una forma mucho más relajada y alegre, y mientras tanto yo pensaba en mi futuro continuamente. Nunca he logrado vivir el presente lo que supone un grave problema. Pero estoy destinada a soñar despierta, o eso dicen.

Estos últimos años de mi vida han sido muy diferentes a todo lo vivido anteriormente. Todo ha cambiado mucho. Ahora el corazón ya no late como antes y la mente no piensa en las mismas cosas. Ahora la música suena de otra manera y los libros adquieren otros matices. La verdad es que me siguen interesando las mismas cosas de siempre pero supongo que de otro modo.

Me gusta observar el cielo por la noches y tengo miles de cosas pendientes apuntadas por todas partes. Ahora me planteo mi vida muy a menudo y me pregunto cómo será la felicidad. No tengo de que quejarme. Siempre hay cosas que te gustaría cambiar pero recordando momentos y durmiendo suelen pasárseme los enfadados y las depresiones muy fácilmente. Ahora mismo tengo bastantes preocupaciones pero espero que mañana ya no existan.

Odio la impuntualidad, la grosería y la falsedad pero me gusta el color verde y las conversaciones con desconocidos.

Se me escapan muchas cosas que contaros pero no creo que nadie las quiera leer. Bueno, algo importante de mí es que en ocasiones creo en el destino y doy mucha importancia a la pasión. Aunque muchas veces no lo parezca estoy enamorada perdidamente de la vida y espero que esta me tenga muchas buenas sorpresas agradables esperando a ser descubiertas.

Como habéis podido comprobar no soy tan pesimista como parezco. Eso o me guardo las cosas muy dentro…. 

lunes, 12 de marzo de 2012



Y ahora que el Sol me acompaña incluso en las noche de Luna llena, puedo decir que lo que antes eran huellas comienza a ser una vereda de días sin tormentas y sin obstáculos que me obliguen a retroceder. Y ahora yo digo que de amores no entiendo, que desisto en ese invento llamado amor, y que soy dichosa y feliz con tener aire para respirar; aire con el cuál recuperar el aliento que tantas veces pareció muerto.

No es que yo haya cambiado, es solo que ya era hora de echar a patadas ese fuego que destrozaba mis adentros. De comenzar a olvidar nuestros besos y de pensar en lo estúpido que es el mundo cuando las personas no quieren entenderse; cuando el amor no es cosa de dos.

Y sin olvidarlo del todo, revivo momentos y mi corazón comienza a bailar en entre risas y cuentos, que muchas veces nos dejaron contentos y otras tantas nos atormentaron. Y es que puede que algún final de esos me hiciera llorar, y yo no estoy aquí para eso. Si estoy aquí es para cantar a los cuatro vientos lo que quiera que me apetezca cantar. 

¿Y qué me importa a mí ahora que el día esté nublado? Si a mí siempre me había gustado la lluvia y las baldosas mojadas.