viernes, 29 de junio de 2012

VM.



Dicen de las mujeres que somos complicadas y enrevesadas. Nunca lo he desmentido pero todo tiene una explicación. Puede que nos obsesionemos mucho, que nos ilusionemos y que seamos capaces de olvidar quienes somos; que dejemos nuestra vida de lado y que pensemos cosas como que sin el amor no podemos ser felices. Puede incluso que lleguemos a ser malas y perversas, que hagamos sufrir, pero esa será la señal de que nosotras por dentro estamos sufriendo aún más que los demás.

La explicación es muy simple y salta a la vista. No sé como a la gente le cuesta tanto encontrarla, siempre es la misma, con variaciones o sin ellas. Las mujeres queremos ser amadas. Amadas por un hombre o por una mujer, para gustos los colores, pero siempre queridas. Queremos que unos brazos nos rodeen cada noche, que una voz nos susurre a un oído un te quiero. Queremos una vida apasionada y llena de amor.

Da igual que ese amor no sea duradero o verdadero, con que lo aparente nos basta. El problema llega cuando queremos un amor real, cuando queremos ser correspondidas. Muchos son los problemas que surgen en ese tipo de situaciones. Creo que sería capaz de nombraros todos y cada uno de ellos…

Las ilusiones y las falsedades son sin duda alguna lo que más daño hace. A veces nos hacen creer que todo va a salir bien hasta que no aguantamos más. Lo peor de todo es que si llega otra situación parecida con otra persona volvemos a creerlo. Lo mejor sería inventar un detector de latidos para saber cuándo hablamos en serio y cuando no, cuando queremos de verdad y cuando mentimos.

Lo mejor de las mujeres es que a todas las llega lo que piden, tarde o temprano se enamoran de alguien que está enamorada de ellas. Y todo se arregla.
Hasta que nos cansamos.

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