Quizá tendría que haber aclarado mis ideas hace mucho tiempo. De ese modo el desasosiego hubiera terminado mucho antes de lo previsto. Si hubiera afrontado la verdad el desvelo no hubiera existido y la desazón no hubiera amargado mi pesarosa existencia.
Ahora el tétrico intento de pensar en motivos con los que sonreír abre paso a una risueña idea de olvido. Un olvido en el que ni siquiera se conserve el recuerdo. Donde el valor de seguir adelante y la fortuna estén presentes. Un olvido que haga a las flores brotar y a las despedidas fugarse.
Nunca he sido amante de los finales, pero tampoco de los comienzos. Simplemente sigo lo que me dicta el viento de la razón. Pero como todo, siempre se cometen equivocaciones. Después de haber buscado en los escondites más recónditos cuencos donde derramar mis lágrimas, lo que peor me sienta es que tu lo supieras.
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