Me veo envuelta en una ráfaga de viento de la cuál es
imposible escapar; en una brisa inclemente y gélida que me obliga a emprender
un viaje hasta tus labios, en donde la calma regresa y la tierna paz de lo
deseado me estrecha. Me hace creer inconscientemente que nunca me soltará, pero
como todo en esta vida de desencantos nos vamos alejando de lo divino hasta
llegar a lo frecuente, a lo rutinario, a lo corriente.
Necesito saber si la serena despreocupación llegará algún
día. Porque estoy cansada de las casualidades, de que el destino me despierte
de lo etéreo; de darme cuenta de que vivo en un mundo invisible de ensueño, de
continuo deseo plagado de anómalas respuestas.
¿A dónde me lleva la Luna? Que aunque cada día luzca más,
sigue sin darme toda la luz que yo guardo. Perdí la pista de todo lo que
quiero, y ya no encuentro razones cuando evoco aquel pasado. Hace ya mucho que
perdí la razón. Hace ya mucho que abandoné a esta insólita realidad que nos
envuelve.
Sigo el rastro de tu olor y me pregunto si tal vez me
cansaré de tanta espera; si olvidaré. Pero sé que solo son palabras, porque a
mi vida hay pocas cosas que actualmente la den sentido. Así que levantemos mil
puentes y dejemos ya de tanto andar. Paremos a descansar. Tumbémonos al sol a
contar mil seiscientas historias. Hasta darnos cuenta de algo más.
Eso o olvidémonos ya, porque tanta cuenta atrás me está
derrotando.
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario