Desperté una mañana con ganas de ti. Con ganas de besarte,
de quererte… de amarte como ya mucho tiempo antes hacía en silencio. Estaba
harta de soñarte y de andarme con rodeos. Harta de titubearte bonitas canciones
al odio, de pensar que lo que me pasaba era algo pasajero; que alguna mañana despertaría
curada de este amor por ti que me mata por dentro. Me equivoque, como después me he vuelto a equivocar de nuevo. Conseguía distraerme por momentos pero
nada hizo mas fácil mi tormento; el tormento que todavía ronda por mi cabeza…
aquel que reside en lo más hondo de mi corazón y del cual solo yo tengo
conocimiento. Pasaron los días, las semanas, los meses… y ya solo deseo poder parar el tiempo. Empezar de
nuevo.
De tí recibí palabras
bonitas aunque no las esperadas… y esta insaciable espera se hace cada día más
pesada. Bailar contigo hasta el amanecer, mecerme entre tus sabanas y
teñir de rosa las mañanas… soñar contigo, y alcanzar aquellos sueños de los que
tu y yo hablábamos, cegados por el deseo de un mundo más humano, de un mundo
mejor… del que a mí me gustaría que fuera nuestro mundo. Nadie tuvo la culpa
excepto yo; la que se enamoró de ti cuando sabía que nunca encontraría
aquel consuelo, que moriré sin tenerlo, que solo es una ilusión. Quizá sea el destino, o la vida que quiere que así sea… pero desde el primer momento que rocé tu mano viaje por un
mar de ilusiones y de aventuras… Y lo único que he conseguido es nadar por
estos mares de versos a tu lado. Mi
error fue buscar la amistad cuando era el amor lo que mi corazón deseaba. Como
él dijo mañana es solo un adverbio de tiempo, y si de tiempo se trata me queda
aun una vida por delante, para esperarte y encontrarte.
Las noches en vela se apoderan de mi sueño, el llanto se
hizo dueño de mis ojos y de mi boca solo salían gritos de lamento. En pedazos
se ha roto mi alma al pensar que nunca dormiré pegada a tu espalda, que nunca
te susurraré en la nuca a la madrugada… que nunca oirás Salir de mis labios un “te
quiero”. Besos apretados y abrazos interminables que ya tantas veces he vivido en sueños. Que yo, la que esta cegada por el amor que lleva por dentro, te ama
como nunca ha amado a nadie y que tú no eres consciente de ello.
Quizá sea culpa de la cordura, que escapó de mi cabeza hace
mucho tiempo. Aquella cordura que nunca residió en mi corazón… Porque… ¿Cómo
sino iba a intentar matarte tu propio cuerpo? Quizá sí fuera ella la que escapó
volando y solo me dejó el viento y algún que otro acorde desafinado que suena a llanto y tormento.
Miles de mariposas revolotean en mi interior y las sombras de
la noche me murmuran que aún queda la esperanza, aunque ya ni mi propia mente
lo crea, anquen ya hasta ellas simplemente intenten animar y el sol salga cada
mañana únicamente para despertarnos. El
simple hecho de pensar que pudo ser y no fue es todo lo que quiero arrancar... , quemar los recuerdos y el amor aun ausente que reside en mi cuerpo.
Que ya lo único que pido es que no me quites el aliento.
Porque el destino determina quien entra en tu vida pero eres tú el único que
decide quien se queda.
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